Los dos tigres
Los dos tigres —¡SÃ, sÃ; diré lo que queráis saber! ¡Pero manda que me quiten el lazo! ¡Me ahogo!
—PodrÃas arrepentirte, y me molestarÃa tener que volver a comenzar.
Mandó que dejasen de balancearle, y volvió a decir:
—¿Dónde está Suyodhana? Si no lo dices haré que cambien de sitio el nudo corredizo.
El manti todavÃa vaciló unos instantes, pero sólo fueron varios segundos. No se sentÃa con ánimos para resistir por más tiempo aquel espantoso suplicio, inventado por la diabólica fantasÃa de sus compatriotas.
—¡Te lo diré! —dijo por fin, haciendo una horrible mueca.
—Habla.
—¡En Raimangal!
—¿En los antiguos subterráneos?
—¡SÃ, sÃ! ¡Basta! ¡Me matan!
—TodavÃa tienes que contestar a más preguntas —dijo el implacable bengalas—. ¿Dónde habéis ocultado a mi hija?
—¡La virgen también está en Raimangal!
—Júralo por tu divinidad.
—¡Lo juro por Kali! ¡Basta… no puedo más!…
—¡Bajadle! —ordenó Tremal-Naik.