Los dos tigres
Los dos tigres Soltó una alegre carcajada y, de repente, poniéndose serio, dijo:
—¡Esos vienen siguiéndonos continuamente, Sandokán!
—¿Los grabs? ¡Ya los veo! ¡Veremos si mañana todavÃa flotan!
—¿Qué es lo que quieres hacer?
—Esta noche lo sabrás —respondió Sandokán con acento amenazador—. Por ahora les dejaremos que nos sigan.
El prao habÃa salido de entre la aglomeración de barcos y barcazas que poblaban el rÃo, y marchaba con bastante rapidez rÃo abajo.
Al caer la tarde y después de haber pasado por delante de la estación de Diamond-Harbour, el Mariana entró en un amplio canal situado entre la orilla y un islote poblado de cosques, que tenÃa unas cuantas millas de largo.
Aquel era el lugar escogido por Tremal-Naik para desembarcar, pues se encontraba frente al camino que conducÃa a Khari.
Apenas habÃa sido echada el ancla, cuando hacia la extremidad norte del canal vieron aparecer de improviso los dos grabs.