Los dos tigres
Los dos tigres —¡Bribones! ¡Se aprovechan de que este sitio se halla siempre desierto para caer sobre nosotros! Diamond Harbour está lejos, y en esta parte del rÃo nunca hay barcos. ¡Por lo visto tienen prisa en suprimimos!
—¡Dejémosles que vengan! —dijo Yáñez con su calma habitual—. Cierto que sus tripulaciones son muy numerosas; pero los hindúes no valen lo que los tigres de Mompracem. Y no te ofendas por mis palabras, Tremal-Naik.
—Conozco el valor de mis compatriotas —contestó el bengalés— y sé que no puede competir con el de los malayos. ¿Qué esperamos, Sandokán?
—Que disparen los grabs primero —contestó el Tigre de Malasia—. Si estuviésemos en el mar, la cosa serÃa distinta; pero aquÃ, en el rÃo, en aguas inglesas, no me atrevo. Luego podrÃamos tener algunas complicaciones con las autoridades, y quizá nos tratasen como a piratas.
—Pero los thugs, mientras, pueden ir tomando posiciones.
—El Mariana maniobra mejor que una chalupa, y en el momento preciso sabremos huir del fuego combinado. Dejémosles venir; estamos dispuestos a recibirlos.
—Y también a echarlos a pique —añadió Yáñez.
—Tienen cañones —dijo el bengalés.