Los dos tigres
Los dos tigres Sin embargo, la situación del Mariana era bastante crÃtica, porque los dos veleros bengaleses, aunque estaban ya muy maltratados, se le acercaban por ambos lados para abordarle.
Sandokán procuraba huir del cerco por medio de hábiles maniobras. Por desgracia, el canal tenÃa poca anchura, y el viento era demasiado débil para intentar dar unas bordadas.
Tremal-Naik se le acercó para aconsejarle acerca de lo que debÃa hacer.
El animoso bengalés habÃa realizado verdaderos milagros, causando al segundo grab considerables pérdidas, pero no pudo conseguir detenerle en su marcha.
—¡Se nos echan encima y dentro de poco entrarán al abordaje! —dijo a Sandokán, mientras cargaba de nuevo la carabina.
—¡Estaremos dispuestos para recibirlos! —contestó el Tigre de Malasia.
—¡Son cuatro veces más numerosos que nosotros!
—¡Ya verás cómo se baten mis hombres! ¡Sambigliong! ¡A mÃ!
El malayo, que hacÃa fuego desde lo alto de la escalilla de babor, se colocó de un salto a su lado.
—¡Toma la rebola! —le dijo Sandokán.
—¿Sobre cuál de los dos, patrón?
—¡Sobre el de babor! ¡Abordaremos nosotros primero!