Los dos tigres
Los dos tigres —¡Cuidado, sahib! —gritó el molango—. ¡El comareah presiente al tigre!
Efectivamente, el elefante volvÃa a dar señales de viva inquietud; bufaba y temblaba de nuevo.
De pronto, giró sobre sà mismo con notable rapidez, volviendo a plantarse sólidamente, con la cabeza baja y la trompa muy arrollada entre los colmillos.
TodavÃa no habÃan transcurrido diez segundos, cuando Sandokán y sus compañeros volvieron a ver al tigre. Se deslizaba por entre las cañas, procurando acercarse por sorpresa al elefante, con la esperanza de caer de improviso sobre los cazadores.
—¿Lo ves? —preguntó Tremal-Naik a Sandokán.
—SÃ.
—¿Y tú también, Yáñez?
—Estoy apuntándole —contestó el portugués. En aquel instante resonaron en el houdah del segundo elefante varios tiros.
Los molangos habÃan hecho fuego, pero en otra dirección.
—¡El otro tigre está acometiendo al marghee! —gritó Tremal-Naik—. No perdamos de vista al nuestro; dejad que ellos se las arreglen como puedan.
—¡Aquà está!