Los dos tigres

Los dos tigres

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El tigre apareció en un espacio reducido y casi despejado de cañas. Se detuvo un momento azotándose los costados con la cola, y enseguida dio un rápido salto, y volvió a caer entre las cañas, para reaparecer luego a pocos pasos del comareah.

El cornac dio una voz:

—¡Anda, hijo mío!

El elefante avanzó con la cabeza baja y los colmillos en disposición de clavarlos en el cuerpo de la fiera; pero esta, dando otro brinco de costado, se sustrajo al peligro e intentó un salto análogo al de la vez anterior, que poco faltó para que hubiera sido fatal para el cornac.

Lanzó un ligero aullido gutural, estridente, y cayó como un rayo sobre la frente del paquidermo; pero al estar medio imposibilitado por la pata que la bala de Sandokán le había roto, cayó enseguida a tierra.

Con una velocidad vertiginosa, el comareah le pisó la cola con una de sus patas, y enseguida, hundiéndole en el pecho uno de sus colmillos, le levantó.

El felino lanzaba terribles aullidos y se agitaba desesperadamente, tratando de herir la cabeza del paquidermo. Sandokán y Yáñez le apuntaron con sus carabinas, aun cuando tenían muchas probabilidades de fallar el tiro, debido a las sacudidas que experimentaba el houdah.


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