Los dos tigres
Los dos tigres —CorrÃa en socorro del compañero, mejor dicho, de la compañera, porque, a juzgar por su corpulencia, debÃa de ser un macho. Afortunadamente, para los cazadores, llegaba tarde.
Al ver al comareah ocupado en pisotear y reducir a papilla a la hembra, el tigre se lanzó encima de él, acometiéndole por el costado derecho.
Se agarró a la gualdrapa, y apareció amenazador bajo el houdah, a muy poca distancia del pobre molango.
—¡Fuego! —gritó precipitadamente Tremal-Naik.
Tres tiros partieron casi al mismo tiempo, seguidos de un cuarto disparo efectuado por Surama.
El bâg se dejó caer, llenando de sangre la gualdrapa del comareah.
Le vieron escurrirse por entre las hierbas y enseguida recogerse y alargarse, cual si procurara ocultar a sus enemigos las heridas recibidas.
Sandokán y Tremal-Naik, que habÃan vuelto a cargar rápidamente las carabinas, le hicieron fuego otra vez, agujereándole la magnÃfica piel.
El tigre contestó con un terrible rugido, se levantó penosamente y retrocedió, enseñando los dientes y gruñendo como un mastÃn; pero las fuerzas le fallaron y a los pocos pasos cayó de nuevo.
—¡Tú, Yáñez —dijo Tremal-Naik—, remátale! ¡Ahora se presenta bien!