Los dos tigres
Los dos tigres —¡Un verdadero tigre real! —dijo Tremal-Naik—. ¡Seguramente que no los tenéis iguales en vuestros bosques de Borneo!
—No —contestó Sandokán—. Los de las islas malayas no son tan hermosos; y además de que aquellos son más pequeños, tienen menos corpulencia. ¿Verdad, Yáñez?
—Cierto —contestó el portugués, que examinaba la herida que él le habÃa producido—. Sin embargo, no son menos valientes ni menos feroces que estos.
—Este es un verdadero cuto bâg brursah, como los llaman nuestros poetas —dijo Tremal-Naik.
—¿Qué quiere decir…?
—Un señor tigre.
—¡Por Baco! ¡Cuánto respeto!
—Sugerido por el miedo —dijo Tremal-Naik, riendo.
—Podemos acampar aquà —dijo Sandokán, después de haber echado una mirada en derredor.
—Allà hay un espacio descubierto, donde podremos estar bien. Por hoy debemos darnos por satisfechos del éxito de nuestra cacerÃa; después será mejor que vayamos avanzando sin prisas hacia los Sunderbunds, haciendo que nos preceda la voz de que somos unos apasionados cazadores, con objeto de no alarmar a los thugs.