Los dos tigres

Los dos tigres

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—Mañana, todos los habitantes de los burgos del junglar sabrán que hemos venido a matar tigres —dijo Tremal-Naik—. El molango que ha venido con nosotros, les relatará maravillas.

—¿Le mandaremos que se vuelva a su aldea?

—Ya no le necesitamos; además, es mejor que no haya testigos. Puede escapársenos alguna palabra, y los thugs, probablemente, tendrán espías en los burgos para que no los sorprenda alguna expedición de soldados.

Los malayos montaron dos grandes tiendas de lona blanca y descargaron las cajas que contenían los víveres y la batería de cocina.

Los cornacs, por su parte, se ocupaban en preparar la comida de los elefantes, que consistía en una enorme cantidad de hoja de ficus indica y de hierbas palustres, largas como hojas de sables, en un cestillo de maíz de unos diez kilos de peso, y de una media libra de ghi, o sea manteca clarificada y mezclada con oirá cantidad análoga de azúcar.

Cuando estuvo hecha la comida y colocados los centinelas en las lindes del junglar, los cazadores se tendieron bajo las tiendas, en tanto que el sol lanzaba torrentes de fuego sobre aquel océano de vegetación, absorbiendo rápidamente el agua de las charcas y de los estanques que se habían formado durante la noche.


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