Los dos tigres
Los dos tigres »Las fieras hacÃan esfuerzos enormes para llegar hasta nosotros, aferrándose a los travesaños con sus poderosas garras.
»—¡Tirad la escala! —grité a los marineros.
»Aunando nuestras fuerzas, la volcamos juntamente con las dos fieras, sin pensar en que al hacer aquello, nos quedábamos imposibilitados para bajar y volver a bordo.
—¿Y les cercaron a ustedes? —dijo Tremal-Naik.
—Durante toda la noche estuvieron acechándonos —respondió el teniente—; aquellos malditos animales, a pesar de hallarse heridos, no dejaron de rondar la torre, con la esperanza de que nos decidiésemos a bajar.
»A la mañana del dÃa siguiente, el patrón, prevenido por nuestras voces de que las panteras seguÃan allà abajo, mandó acercar la chalupa a la orilla y disparó varias veces el pequeño cañoncito de que iba armada la embarcación.
»A la segunda descarga, cayeron las dos fieras, y el patrón y sus hombres pudieron desembarcar, levantar la escala y libertarnos.
—¡Son peores que los tigres! —dijo Sandokán.
—Más audaces, señor —contestó el francés.
—¡Oh! —exclamó Yáñez en aquel momento, levantándose precipitadamente—. ¡Miren hacia allÃ! ¡Una luz!