Los dos tigres
Los dos tigres Levantó la carabina e hizo fuego.
La detonación repercutió por encima de las tenebrosas aguas, perdiéndose en la lejanÃa.
No habrÃa transcurrido ni medio minuto, cuando se vio que el punto luminoso cambiaba de dirección y se dirigÃa en lÃnea recta hacia la torre.
—A la salida del sol ya estará aquà ese barco —dijo Sandokán—. Mirad: ya empieza a clarear. Podemos preparamos a dejar la torre y a embarcamos.
—¿Y si esos hombres no quisieran tomarnos a bordo? —preguntó el francés.
—¡O plomo u oro! —contestó Sandokán, frÃamente—. ¡Veremos si dudan! Cornac, baja la escala: vienen de proa.