Los dos tigres
Los dos tigres —¿Cómo es que estás aquÃ, viejo? —preguntó Tremal-Naik—. Estos no son lugares para traficar ni para venir a buscar carga.
—Nosotros somos pescadores —respondió el piloto—. En estas lagunas abunda el pescado y venimos a pescar todas las semanas.
—¿Y de dónde venÃs?
—De Diamond-Harbour.
—¿Quieres ganar cien rupias? —preguntó Sandokán. El hindú levantó los ojos hacia el Tigre de Malasia, y le miró fijamente y con cierta curiosidad durante varios instantes.
—¿Quiere usted bromear, sahib? —preguntó, luego—. Cien rupias es una bonita suma: no la ganamos aunque estemos pescando toda una semana.
—Lo único que nosotros necesitamos es disponer de la pinassa durante veinticuatro horas; terminadas estas, las rupias pasarán a tu bolsillo.
—Es usted tan generoso como un nabab, sahib —dijo el piloto.
—¿Acepta?
—En mi caso nadie rehusarÃa una oferta semejante.
—¿Has dicho que vienes de Diamond-Harbour? —preguntó de nuevo Tremal-Naik.
—SÃ, sahib.