Los dos tigres
Los dos tigres —¿Has entrado en la laguna por el canal de Raimatla?
—No; he entrado por el de Yamere.
—Entonces, no habrás visto un buque pequeño cruzar por estas aguas.
—Me parece… SÃ; ayer he creÃdo distinguir una chalupa larga y muy fina costeando la costa septentrional de Raimatla —respondió el viejo.
—Seguramente que era nuestra ballenera, que andaba explorando —dijo Sandokán—. Antes de que llegue la noche habremos encontrado el prao, y estaremos todos reunidos. Señores, embarquémonos. Mañana vendrá nuestra chalupa a recoger la escolta.
Puso en manos del piloto la mitad del precio estipulado, y enseguida subieron todos a bordo, saludados cortésmente por los hindúes que componÃan la tripulación.
Sandokán y Tremal-Naik se sentaron a popa bajo la lona que los pescadores tendieron para resguardarlos del sol, y Yáñez, el francés y el cornac descendieron bajo cubierta para dormir un poco en el pequeño camarote de la pinassa, que el piloto puso a su disposición.
La pinassa, que parecÃa un buen velero, se apartó de la orilla y se dirigió aguas adentro, hacia unas islas que medio se entreveÃan a través de la bruma que se elevaba de la laguna.