Los dos tigres
Los dos tigres Pero aquel hombre era más fuerte de lo que podÃa suponer Sandokán, y al propio tiempo valiente. Agarró a su vez al jefe de los piratas, y trató de echarle una mano al cuello.
Una ola sacudió bruscamente la pinassa, imprimiéndole un movimiento de balanceo, y los dos cayeron rodando.
Mientras tanto, Tremal-Naik, acometido por los otros cinco marineros y el piloto, se defendÃa de un modo desesperado, asestando furiosos hachazos y retrocediendo hacia la popa.
HabÃa logrado evitar dos lazos, y se habÃa salvado de un tajo de tarwar que le asestó el piloto; pero no podÃa resistir mucho tiempo el ataque de aquellos seis enemigos, que procuraban cercarle y le acometÃan por todas partes.
En el preciso instante en que uno de los thugs levantaba el cuchillo para clavárselo en un costado, pues habÃa logrado cogerle por detrás, aparecieron en la toldilla Yáñez, De Lussac y el conductor de elefantes.
Despertados por los gritos de Sandokán, y alarmados por la palabra «traición», se tiraron rápidamente de las hamacas, buscando sus carabinas.
Pero del mismo modo que desaparecieron las de Tremal-Naik y de Sandokán, habÃan desaparecido las suyas, pues no se encontraban donde las dejaron.