Los dos tigres
Los dos tigres —Querido muchacho —le dijo Sandokán, sin andarse con preámbulos—, ¿qué prefieres: vivir o morir entre los más atroces tormentos? Tú has de decidir. Te advierto que no somos amigos de bromas, como ya habrás podido comprobar.
—¿Qué quieren ustedes? —preguntó el joven.
—Sabes muchas cosas que nosotros ignoramos, y que es preciso que nos cuentes.
—Los thugs no podemos hacer traición a los secretos de nuestra secta.
—¿Conoces la youma? —le preguntó de repente Tremal-Naik.
El thug se estremeció, y un relámpago de terror pasó por sus negros ojos.
—Yo conozco el secreto para componer esa bebida, que suelta la lengua y hace hablar al mudo más obstinado. Hojas de youma; un poco de jugo de limón y un granito de opio; como ves, tengo la receta, y llevo conmigo todo lo preciso para componer en el acto ese brebaje. Por lo tanto, es inútil que te obstines en permanecer callado. Si no hablas, te la haremos beber.
Yáñez y Sandokán miraban con cierta sorpresa a Tremal-Naik, pues no sabÃan que misteriosa bebida era aquella de la que hablaba.
En cambio, el señor De Lussac aprobaba las palabras del bengalÃ, con una sonrisa muy significativa.