Los dos tigres
Los dos tigres —Señor, yo soy hijo de un hombre que pertenecía a las altas castas, de un bramin rico y poderoso, descendiente de estirpe de rajá; pero no he sido digno de la posición que ocupaba mi padre. El vicio me extravió y el fuego devoró mis riquezas; de escalón en escalón fui a parar en el lodo, y me convertí en un miserable paria. Y un día, un viejo que hacía los oficios de manti…
—¿Has dicho que un manti? —preguntó Tremal-Naik.
—¡Déjale terminar! —dijo Sandokán.
—… Me encontró en compañía de unos titiriteros —prosiguió el joven—, con quienes me había juntado para no morirme de hambre.
»Maravillado por mi fuerza poco común y por mi agilidad, me propuso que abrazase la religión de la diosa Kali.
»Después supe que los thugs andaban alistando hombres escogidos para organizar una especie de policía secreta, con objeto de vigilar y prevenir los movimientos de las autoridades de Bengala, que les habían amenazado con destruirlos.
»Yo me hallaba ya en la más completa abyección, y la miseria me cercaba por todas partes; acepté por la vida, y el hijo del bramin se convirtió en un miserable thug.