Los dos tigres
Los dos tigres »Te hemos seguido a través del junglar; hemos asistido, escondidos entre las cañas, a tus cacerÃas; te hemos robado la bayadera, pues tenÃamos miedo de que os dijera dónde estaba el refugio…
—¡Surama! —exclamó Yáñez.
—SÃ, asà se llama esa muchacha —dijo Sirdar—. Era hija de un jefe montañés del Assam.
—Y ahora, ¿dónde está?
—En Raimangal, seguramente —respondió el joven—. TenÃan miedo de que os guiase a los misteriosos subterráneos de la isla.
—¡Prosigue! —dijo Sandokán.
—Después os tendimos la última emboscada para matar al segundo elefante —siguió diciendo Sirdar—. Estábamos preparados para mataros antes de que hubieseis podido poner el pie en Raimangal.
—¿Y la pinassa? —preguntó Tremal-Naik.
—La envió Suyodhana, a quien se le habÃa advertido de vuestras intenciones, por medio de varios correos. Supimos que os habÃais refugiado en la torre de Barrekporre, y vinimos a ofreceros nuestros servicios, aun sin que vosotros nos hubieseis avisado con los disparos.
—¡La organización de esos bandidos es maravillosa! —exclamó Yáñez.