Los dos tigres
Los dos tigres —SÃ.
—¿Existirá todavÃa?
—Sirdar me ha dicho que sÃ.
—Perfectamente; entonces también ahora descenderemos por ese mismo sitio —dijo Sandokán—. Si Damna está allÃ, la recuperaremos.
—Primero habremos de esperar a que Sirdar nos lo advierta.
—¿Tienes confianza en él?
—Absoluta —respondió Tremal-Naik—. Odia a los thugs tanto o más que nosotros.
—Si no nos hace traición, será un aliado muy valioso. Le he ofrecido una fortuna si logra hacer que recuperemos a la pequeña.
—Estoy seguro de que mantendrá su promesa y de que nos pondrá también en las manos a la bayadera.
—¿Habrán llevado a Surama a los subterráneos?
—Eso supongo.
—¡La salvaremos! Pero tenemos, que proceder con cautela, pues Suyodhana puede escurrÃrsenos. Damna, para ti; Surama, para Yáñez, y para mÃ, la piel del Tigre de la India —dijo Sandokán, esbozando una cruel sonrisa—. ¡La tendré, o no vuelvo a Mompracem!