Los dos tigres
Los dos tigres Miles de cadáveres procedentes del Ganges, ya que el Mangal es una arteria de aquel inmenso rÃo, flotaban sobre las negruzcas aguas, y sobre cada uno de dichos cadáveres iba una o dos parejas de marabúes.
Cabezas, fémures, brazos y torsos se entrechocaban, danzando macabramente en las oleadas que producÃa la pinassa.
Poco a poco se extendÃan las tierras. Raimangal se unÃa al junglar del continente.
Sandokán mandó recoger las dos grandes velas, y hacÃa que sondeasen el rÃo a cada momento, por miedo a que el pequeño barco embarrancase. Tremal-Naik iba al lado del timonel para indicarle el camino.
El velero siguió subiendo el rÃo durante unos veinte minutos más y luego, aconsejado por Tremal-Naik, Sandokán ordenó que se acercase la embarcación a la orilla izquierda y que se introdujera en una caleta sombreada por grandes árboles, de tan espeso follaje, que apenas dejaban paso a la luz.
—Nos detendremos aquà —dijo el bengal×. Como veis, será fácil esconder la pinassa entre esta vegetación, después de haberle quitado los mástiles. Además, el junglar, que está a dos pasos de aquÃ, es espesÃsimo. Es imposible que nadie nos descubra.
—¿Está muy lejos la pagoda de los thugs?
—A menos de una milla de distancia.
—¿Es algún junglar?