Los dos tigres
Los dos tigres Además, en todas las estaciones sube al vagón un empleado para preguntar a los viajeros qué comida prefieren, y ese mismo empleado lo telegrafía a la estación donde se detiene el tren para que puedan comer.
El convoy se componía de una máquina poderosísima y de muy pocos vagones. Con gran satisfacción de Sandokán corría a toda velocidad devorando kilómetros, y el pirata veía que a cada minuto que pasaba se acortaba enormemente la distancia que los separaba de Patna.
Cómodamente sentados, los audaces adversarios del Tigre de la India fumaban y charlaban para pasar mejor el tiempo. Por otra parte, se encontraban muy a gusto, pues el calor no los molestaba apenas, gracias a que los vagones de esos ferrocarriles van rodeados de cortinas de vetiver, continuamente empapadas de agua por medio de instalaciones adecuadas, lo que hace que existe siempre una frescura relativa en el interior, evitándose los casos de insolación y de apoplejía fulminante, tan comunes en aquellos climas.
A las tres ya habían pasado por Hougly y por Raniganch al mediar la noche; el tren corría hacia la alta Bengala, acercándose a toda velocidad al majestuoso Ganges.
Al día siguiente, a las dos de la tarde, Sandokán y sus amigos entraron en Patna, una de las ciudades más importantes de Bengala del Norte, y cuyos bastiones baña el río sagrado.