Los dos tigres
Los dos tigres Su primera intención fue ir directamente al edificio de Correos, por si habÃa alguna otra carta de Sirdar; pero allà no habÃa ninguna.
—Vámonos a Monghyr —dijo el Tigre de Malasia—. Ya se ve que Suyodhana no se ha detenido aquÃ, y que ha proseguido su viaje precipitadamente.
Estaba a punto de salir un tren para aquella ciudad. Lo tomaron a toda prisa, y pocos minutos después marchaban, costeando el Ganges durante un largo trayecto. Tres horas más tarde estaban ante el edificio postal de Monghyr.
Sirdar habÃa cumplido su promesa. La carta estaba escrita la noche anterior, y les notificaba que Suyodhana habÃa despedido el barco, y que tomaron el tren que iba a Patna por la lÃnea Chupra-Corahlpur-Delhi.
—¡Otra vez se nos ha escapado ese bribón! —exclamó Sandokán con ira—. ¡No tenemos más remedio que ir a Delhi!
—¿Podremos entrar en esa ciudad? —preguntó Tremal-Naik al teniente.
—TodavÃa no han comenzado las operaciones de verano —contestó el teniente—. Yo creo que pueden ustedes entrar sin inconvenientes en unión de los insurrectos que huyen de Cawnpore y Lucknow. Pero les ruego que se disfracen de hindúes y que se provean de armas: no se sabe lo que puede suceder.