Los dos tigres
Los dos tigres —Volvamos a Patna y enseguida, rápidamente hacia Delhi —dijo Sandokán—. ¡Allà es donde el Tigre de Malasia matará al Tigre de la India!
—¿Y dónde podremos encontrar a Sirdar? —preguntó Yáñez.
—Ya he pensado en eso —contestó Sandokán—; porque en una postdata me advierte que todas las noches, entre nueve y diez, nos esperará detrás del bastión llamado Cascemir.
—¿Sabremos encontrar ese bastión?
—Es el más grande y sólido de la ciudad —dijo De Lussac—. Cualquiera os lo indicará.
—¡Pongámonos en marcha! —dijo Sandokán. Aquella misma noche arribaron nuevamente a Patna. Como hasta el otro dÃa por la mañana no habÃan trenes, se fueron a una fonda, y aprovecharon su estancia allà para transformarse en ricos mahometanos y proveerse de buenas carabinas y de unos largos puñales semejantes a los yataganes.
En la estación se encontraron con que tenÃan que cambiar de itinerario, pues les dijeron que los trenes no pasaban de Gorahlpur a causa de las correrÃas de los rebeldes.