Los dos tigres
Los dos tigres —Nosotros estaremos aquà hasta que hayamos podido echar mano a algún thug, y luego ya se verá lo que hay que hacer. ¿Cuándo vendrás a bordo? En nuestro barco estarás más seguro que en tu palacio.
—Iré mañana por la noche, muy tarde, para que no me vean. Ya sé que los thugs vigilan mi palacio.
—Te esperamos. Ahora, Yáñez, volvámonos a bordo. Ya son las dos de la madrugada.
—¿Por qué no os quedáis a dormir aqu� —preguntó Tremal-Naik.
—Por no despertar sospechas —contestó Sandokán—. Si nos vieran salir de aquà mañana, podrÃa seguirnos algún espÃa hasta el prao, y eso no me gustarÃa. En cambio, ahora, con la oscuridad que hay en la calle, aun cuando alguien nos vigile, no podrá hacerlo más que hasta el muelle, pues está esperándonos la ballenera, y nos será fácil engañarlo en la dirección. ¡Adiós, Tremal-Naik; mañana tendrás noticias nuestras!
—Entonces, marcharemos mañana por la noche.
—Es muy tarde. Mira si puedes encontrar los elefantes, y adopta todas las precauciones posibles para que no te sigan.
—¿Quieres que os acompañe Kammamuri?
—Ya nos las arreglaremos para despistar a los espÃas. Además, traemos buenas armas y el muelle está cerca.