Los dos tigres

Los dos tigres

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Se veían cipayos que todavía llevaban su pintoresco uniforme, restos de los regimientos de Merut, de Cawnpore, de Allighur y de Lucknow; brundelkanes de Tantia-Topi y de la rhani; barbudos seikkis con enormes turbantes, pesadas cimitarras y fusiles de larguísimo cañón; críssanos y maharatos de admirable aspecto, que semejaban estatuas de bronce. Parecía que esperaban algún ataque del enemigo, porque todos tenían los caballos embridados y con la silla puesta.

El pelotón que guiaba Bedar, siempre escoltado por los soldados de caballería, llegó muy pronto a una amplia plaza llena de insurrectos e iluminada por grandes hogueras de leña, que lanzaban sus llamas a gran altura.

Se detuvieron ante una construcción de mampostería, cuyas paredes estaban agujereadas por balas de cañón y granadas, y que debía de haber sido un elegante bungalow, tal vez propiedad de algún rico inglés residente en Delhi.

—Aquí vive el general —dijo Bedar.

Dio el santo y seña a los centinelas que había en la puerta e introdujo a los supuestos insurrectos en la primera habitación, donde encontraron al subadhar charlando con varios hombres de elevada estatura, montañeses de Bundelkund, que iban armados hasta los dientes.

—Dejen ustedes las pistolas y los sables —dijo, volviéndose a Sandokán y a los demás.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker