Los dos tigres
Los dos tigres Los dos piratas, Tremal-Naik y los malayos, obedecieron.
—Ahora sÃganme ustedes —prosiguió el subadhar—; el general les espera.
Los introdujo en otra habitación muy amplia, en la cual habÃa algunos muebles medio derrengados y sillas de bambú cojas y manchadas de sangre, como si hubieran sido testigos de una lucha encarnizada sostenida allà dentro. Cuatro seikkis montañeses de hercúleas formas, custodiaban la puerta con las cimitarras desenvainadas. Delante de una mesa estaba un hombre viejo, con la barba casi blanca, la nariz corba como el pico de un loro y los ojos muy negros y brillantes como ascuas.
VestÃa al uso de los musulmanes de la India septentrional, los cuales han conservado el traje tártaro turcomano y en sus mangas, que eran de seda verde, relucÃan unos galones de oro.
Cuando entraron Sandokán y sus acompañantes, levantó la cabeza, entornó los párpados como si la luz de la lámpara que estaba colgada del techo le molestase, los miró en silencio durante algunos instantes y enseguida dijo con voz nasal:
—¿Sois vosotros los que pedÃs permiso para entrar en Delhi?
—Sà —contestó Tremal-Naik.
—¿Para combatir y morir por la libertad de la India?