Los dos tigres

Los dos tigres

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Por lo menos, podremos defendemos! —dijo Sandokán, cogiendo una y montándola.

—Y bajo nuestros pies hay municiones —dijo Yáñez, que se había inclinado—. ¡Bravo! ¡Bedar ha pensado en todo!

En aquel momento, decía el cornac:

—¡Adelante, «Djuba»! Y trota bien, si quieres doble ración de azúcar.

El elefante, que, por lo visto, se llamaba «Djuba», movió la trompa de derecha a izquierda, aspiró ruidosamente el aire, y partió a gran velocidad, haciendo retemblar el suelo bajo su enorme mole.

Pero apenas había recorrido veinte pasos, cuando de entre unas matas salieron dos fogonazos, seguidos de otras tantas detonaciones y de los gritos de:

—¡Para! ¡Para!

A Sandokán, una bala le pasó silbando a pocos centímetros de la cabeza.

—¡Ah! ¡Canallas! —exclamó el pirata, exasperado—. ¡Fuego, amigos!

A la orden siguió una descarga; pero no se escuchó grito alguno de dolor. Probablemente, los bribones que habían hecho fuego, sospechando que tal vez los fugitivos llevarían carabinas, se habrían dejado caer en tierra para evitar los tiros.

—¡No te detengas, cornac! —gritó Bedar.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker