Los dos tigres
Los dos tigres —SÃ, sahib.
—¡Las utilizaremos, si es preciso!
El bosque comenzó a aclararse, facilitando la carrera del paquidermo. El animal debÃa de poseer una resistencia extraordinaria, porque no habÃa aminorado la velocidad, a pesar de llevar corriendo más de una hora. Ya, por último, dando un gran avance, desembocó en una vasta llanura, interrumpida únicamente por grandes haces de bambúes de diez o quince metros de altura.
—¿Dónde estamos? —preguntó Sandokán a Bedar.
—Al norte de Delhi —contestó el cipayo—. Hemos rebasado el campamento establecido en derredor de la ciudad, como garantÃa contra una sorpresa.
—Y ahora, ¿adónde vamos?
—Nos meteremos por entre los junglares que bordean el Giumna. Allà esperaremos a que nuestros perseguidores se cansen de buscarnos.
—Hubiera preferido haber entrado enseguida en la ciudad —dijo Sandokán a Tremal-Naik—. Me interesa volver a ver a Sirdar.
—Es más prudente que retardemos nuestra entrada —contestó el bengal×. Como los dos thugs no nos han podido alcanzar, harán minuciosas pesquisas en Delhi, y si nos cogen otra vez, no sé yo quién podrÃa salvarnos.