Los dos tigres
Los dos tigres Después de una ligera vacilación, los dos paquidermos se metieron en el agua del rÃo, tanteando con grandes precauciones el fondo, mientras que los hindúes cogÃan las carabinas.
—¡Dispara tú el primer tiro, Sandokán! —dijo Yáñez.
El Tigre de Malasia apoyó la carabina en una raÃz, y apuntó durante unos momentos al primer elefante.
Enseguida se oyó una detonación, y casi inmediatamente, un formidable barrito.
El paquidermo, de improviso, habÃa dado un salto, levantando violentamente la trompa. La bala debÃa de haberle tocado en algún punto sensible.
Al oÃr aquel disparo, los hombres que lo montaban contestaron con un fuego nutrido.
—¡Venga, hagamos también nosotros una descarga cerrada! —dijo Yáñez—. ¡Fuego, tigrecitos de Mompracem!
Los piratas se levantaron en silencio, se colocaron detrás de los árboles que les resguardaban, y descargaron sus carabinas sobre el houdah. Les interesaba más poner a los hombres fuera de combate que al propio elefante.
Tres hombres cayeron en el interior de la caja, muertos o heridos; pero los otros no cesaban de hacer fuego, y el cornac continuaba aguijoneando al elefante, que comenzaba a titubear.