Los dos tigres
Los dos tigres El elefante lanzó un barrito todavía más fuerte, se enderezó sobre las patas traseras y enseguida se desplomó sobre un costado, levantando una verdadera ola espumeante, y arrojando al agua a los hombres que transportaba.
—¡Ese ha concluido! —gritó Yáñez, con satisfacción—. ¡Vamos con el otro, Sandokán!
En tanto que los hindúes nadaban, tratando de ponerse a salvo, después de haber abandonado las carabinas, el paquidermo, haciendo un esfuerzo desesperado para no ahogarse, casi se incorporó; pero inmediatamente volvió a caer y desapareció para siempre. El otro animal, al ver caer a su compañero, retrocedió barritando y sacudiendo la enorme cabeza, a causa de los aguijonazos que le infería el cornac.
—¡Fuego, Yáñez! —gritó Sandokán—. ¡Tumbémosle pronto!
Los dos piratas descargaron simultáneamente las carabinas, apuntando a los omóplatos del coloso, cerca de las coyunturas.
Fue un golpe maestro. El paquidermo volvió grupas, huyendo hacia la orilla, saludado por otra descarga; pero al intentar subirla, le faltaron las fuerzas y se desplomó pesadamente, proyectando a larga distancia a los hindúes que iban en el houdah.