Los dos tigres
Los dos tigres —Tengo que advertirle, capitán, que le han recibido a bordo de los grabs que hay por aquà cerca, y que viene acompañado de un policÃa indÃgena, el cual me ha dicho que no rechacemos su visita si no queremos tener disgustos.
—Dejémosle subir, Sandokán —dijo Yáñez—. Hay que respetar las costumbres del paÃs.
—¿Qué clase de hombre es? —preguntó el pirata.
—Un viejo de aspecto majestuoso.
—Manda echar la escala.
—Cuando, poco después, los dos piratas subieron a cubierta, ya el manti estaba a bordo; en cambio, el policÃa indÃgena se quedó en un pequeño gonga, en compañÃa de varios cabritillos, que no cesaban de balar de un modo lastimero.
Como habÃa dicho Sambigliong, aquel hombre, mago y curandero a un tiempo, era un viejo de aspecto imponente, de tez bastante bronceada, facciones un poco angulosas, ojos muy negros y de viva mirada, y una larga barba blanca.
Sobre su frente llevaba pintadas unas rayas blancas, y en los brazos y el pecho, otras rayas que son el distintivo de los adoradores de Visnú. Se cubrÃa el vientre y los muslos con un simple dooté.
—¿Qué quieres? —le preguntó, en inglés, Sandokán.