Los dos tigres
Los dos tigres —¿Quién eres y qué pretendes? —preguntó Suyodhana.
—Soy aquel cuyo nombre ha hecho temblar a todos los pueblos de las islas malayas, y que ha venido expresamente a la India, para destruir tu infame secta.
—¿Y crees tú…?
—Que me llevaré tu piel y a la niña que le has raptado a Tremal-Naik.
—Te crees demasiado fuerte. Es verdad que sois cuatro…
—No, uno; porque el Tigre de Malasia hará el honor al de la India de pelear solo con él —dijo Sandokán.
Una sonrisa de incredulidad asomó a los labios de Suyodhana.
—En cuanto te haya matado me acometerán los otros —contestó el jefe de los estranguladores—; pero el padre de las sagradas aguas del Ganges sabrá defender contra todos vosotros a la que ya encarna sobre la tierra a la potente Kali.
—¡Miserable! —bramó Tremal-Naik, haciendo un movimiento para arrojarse sobre él.
Sandokán le contuvo con un gesto imperioso. El jefe de los estranguladores, rápido como el rayo, se aprovechó del momento en que Sandokán se habÃa vuelto hacia su amigo, para recoger del suelo la pistola que se le habÃa caÃdo.