Los dos tigres
Los dos tigres Yáñez, apoyado en un enorme jarrón de porcelana, fumaba flemáticamente su eterno cigarrillo, sin manifestar la menor inquietud; Sirdar, acurrucado en un ángulo, empuñaba un tarwar, dispuesto a tomar parte en la lucha; Tremal-Naik, visiblemente conmovido, no dejaba de aprisionar el gatillo de su carabina, con la intención de no dejar escapar al thug, a pesar de la promesa que había hecho a Sandokán de no intervenir.
Los dos adversarios se miraron un instante, y enseguida, el Tigre de Malasia, viendo que su contrario no daba señal alguna de acometer, se lanzó sobre él, procurando herirle en el cuello.
Suyodhana, dando un enorme salto, esquivó la acometida, paró la cuchillada con la punta de su puñal y se bajó rápidamente, quedando debajo de Sandokán para darle una puñalada en el vientre; pero al hacer la flexión, resbaló sobre las losas del pavimento y cayó sobre una rodilla.
Antes de que hubiera podido incorporarse y volver a ponerse en guardia, el puñal del Tigre de Malasia le entró en el pecho hasta las guardas, atravesándole el corazón.
El thug estuvo un momento erguido, mirando a su adversario con ojos llenos de ira y odio, e inmediatamente se derrumbó, en tanto que de la boca le salía un chorro de sangre.