Los dos tigres
Los dos tigres —Y el policÃa, ¿se habrá divertido también a nuestra costa?
—Eso creo. Me parece muy rara la presencia de un polizonte en la gonga de un charlatán.
Sandokán permaneció en silencie durante algunos instantes, paseando sobre la cubierta de la camareta y, enseguida, acercándose rápidamente al portugués, le cogió de un brazo y le dijo:
—Yáñez, tengo otra sospecha.
—¿Cuál?
—Que el policÃa fuese un thug disfrazado. El portugués miró a Sandokán con asombro.
—¿Eso crees? —preguntó.
—Y apostarÃa mi narguile contra dos cigarrillos tuyos a que ese hombre no era un policÃa de verdad.
—SÃ, hermano mÃo; también a mà me parece que hemos sido engañados por personas más listas que nosotros. Querido Sandokán, el Tigre de la India ha dado pruebas, por lo menos hasta ahora, de que es más astuto que el malayo.
—SÃ; es más civilizada la India y más salvaje la Malasia —dijo Sandokán, esforzándose por sonreÃr—. ¡Bah! ¡Pronto tomaremos nuestro desquite! Además, ese bribón de manti, suponiendo que fuese un espÃa de Suyodhana, no ha logrado hacer averiguación alguna; todavÃa ignora quiénes somos y a qué hemos venido.