Los dos tigres
Los dos tigres Vestía al estilo oriental: túnica de seda azul recamada en oro, con amplias mangas abrochadas con botones de rubíes; anchos pantalones y zapatos de piel amarilla, retorcidos por la punta. Llevaba en su cabeza un pequeño turbante de seda blanca, con un penacho sujeto por un diamante del tamaño de una nuez, de incalculable valor.
En cambio, su compañero, que se apoyaba sobre la borda, mientras plegaba nerviosamente una carta, era un europeo de elevada estatura, de facciones finas, aristocráticas, ojos azules y de mirada suave y un bigote negro que ya comenzaba a encanecer, aun cuando parecía más joven que el primero.
Vestía también con mucha elegancia, pero no a la usanza oriental; chaqueta de terciopelo color castaño, con botones de oro, ceñida a la cintura por una faja de seda roja, pantalones de brocatel y botas con polainas de piel clara, con hebillas de oro. Cubría su cabeza un amplio sombrero de paja de Manila, adornado con una cinta de color oscuro.
Cuando el velero iba a pasar por delante de la casilla blanca y del asta de señales, cerca de donde estaban los pilotos y los dos guardianes del faro, en espera de que reclamasen sus servicios, el europeo, que hasta entonces no se había dado cuenta de la proximidad del faro, se volvió hacia su compañero, que iba ensimismado en sus propios pensamientos.
