Los dos tigres
Los dos tigres —¿En dónde vivÃas?
—En la pagoda, sahib.
—¿Y estabas a gusto?
—No; y ya han visto ustedes que he preferido seguirles antes que regresar a la pagoda. Allà se realizan atroces sacrificios para satisfacer la insaciable sed de sangre de la diosa.
—¿Para qué te enviaron a ti y a tus compañeras contra nosotros?
—Para impedirles que siguiesen al manti.
—¡Ah! ¿Conoces tú a ese mago? —preguntó Sandokán.
—SÃ, sahib.
—Es un jefe de los thugs, ¿verdad? La muchacha le miró sin contestar. Sobre su lindo rostro se pintó una gran ansiedad.
—¡Habla! —ordenó Sandokán.
—Los thugs matan a quienes revelan sus secretos, sahib —contestó la muchacha, con voz temblorosa.
—Estás entre personas que sabrán defenderte contra todos los thugs de la India. Habla: quiero saber quién es ese hombre que se nos ha escapado, porque necesitamos cogerle.
—¿Ustedes son enemigos de los estranguladores?
—Hemos venido a la India para hacerles la guerra —dijo Sandokán— y castigarles por sus crÃmenes.