Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Lo han asesinado a los pies del banian[4] sagrado.
—Pero… ¿Quién lo ha asesinado? —apremió Tremal-Naik—. DÃmelo para que yo vaya a vengarlo.
—No lo sé, patrón. Partimos para cazar a un gran tigre. A seis millas de aquà hallamos a la fiera que, herida por la carabina de Hurti, huyó hacia el sur. Seguimos su pista durante cuatro horas y la encontramos en las cercanÃas de la orilla, frente a la isla Raimangal, pero no logramos matarla “porque en cuanto el animal nos percibió se lanzó al agua llegando hasta los pies del gran banian.
—Bien, ¿y luego?
—Yo querÃa regresar, pero Hurti rehusó diciendo que el tigre estaba herido y, por lo tanto, serÃa una fácil presa. Atravesamos el rÃo a nado y alcanzamos la isla Raimangal, donde nos separamos para explorar los alrededores.
El indio calló un momento y luego prosiguió:
—CaÃa la noche y, de repente, una nota aguda, la del ramsinga, resonó cerca de mÃ. Miré en torno y mis ojos tropezaron con los de una sombra que, a veinte pasos, se mantenÃa medio escondida por un matorral.
—¡Una sombra! —exclamó Tremal-Naik—. ¿Quién era?