Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —¡Boga, Kammamuri, boga! —rugió Tremal-Naik.
Kammamuri agarró los remos y se puso a bogar con energÃa desesperada.
—¡Rápido…! ¡Rápido…! —instó Tremal-Naik, fuera de s×. A medianoche se alzará la hoguera… ¡Rema, Kammamuri!
El maharata no tenÃa necesidad de ser incitado. Remaba tan furiosamente que los músculos amenazaban con hacerle estallar la piel.
La canoa atravesó el estrechamiento y entró rápida como una flecha en el rÃo. Pronto apareció la punta extrema de Raimangal con su gigantesco banian, cuyas desmesuradas ramas se retorcÃan de mil formas bajo el poderoso soplo de la borrasca.
Un relámpago rasgó las tinieblas mostrando la orilla completamente desierta.
—¡Siva está con nosotros! —exclamó Kammamuri.
La canoa se encalló en la orilla, saliendo del agua una tercera parte de ella.
Tremal-Naik, cargado de municiones, Kammamuri y el tigre se lanzaron a tierra, alcanzando el tronco principal del banian sagrado.
—¿Oyes algo? —preguntó Tremal-Naik.
—Nada. Los indios deben de estar todos abajo.
—¿Tienes miedo de seguirme?