Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Tremal-Naik —dijo con voz sepulcral—. ¿Te acuerdas de aquella noche en que te refugiaste en el pozo con tu Ada y el maharata? Bastaba con que Suyodhana lo hubiese querido y los tres ahora dormirÃais bajo tierra.
—Continúa —dijo Saranguy, es decir, Tremal-Naik.
—Los thugs habÃan pronunciado vuestra sentencia de muerte; tú debÃas ser estrangulado, la Virgen de la pagoda sagrada debÃa morir en la hoguera y Kammamuri morir entre las serpientes. Pero Suyodhana se opuso, porque Negapatnan habÃa caÃdo en manos de los ingleses y era preciso salvarlo. Tú habÃas dado muchas pruebas de ser un hombre audaz y lleno de recursos; él te concedió la gracia para que sirvieses a nuestra secta.
Tremal-Naik escuchaba en silencio.
—Pero tú amabas a aquella mujer que se llama Ada. Era preciso cedértela para tener en ti un aliado fiel y dispuesto. Nuestra diosa Kalà te la ofrece.
—¡Ah…! —exclamó Tremal-Naik poniéndose en pie completamente transfigurado—. ¿Es verdad lo que dices? ¿Y será mi esposa?
—SÃ, será tu esposa. Pero los thugs exigen algo de ti.
—Lo que sea lo acepto. Por mi prometida entregarÃa a las llamas toda la India.
—¡Bien; escucha!