Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Estoy persuadido de ello. Bastará un puñetazo para reducirlo a la impotencia —dijo Tremal-Naik.
—Ven a la terraza. Dentro de poco verás a Negapatnan.
Entraron en el bungalow y subieron a la terraza. El capitán Macpherson se encontraba ya allÃ, y fumaba un cigarrillo, tumbado indolentemente en una pequeña hamaca de fibras de coco.
—¿Me traes alguna novedad, Bharata? —preguntó.
—No, capitán. Os traigo, por el contrario, un enemigo acérrimo de los thugs.
—¿Eres tú, Saranguy, este enemigo?
—SÃ, capitán —respondió Tremal-Naik con acento de odio naturalÃsimo.
—Seas entonces, bienvenido. Serás también uno de los nuestros.
Después, dirigiéndose al sargento:
—¿Cómo ha pasado la noche Negapatnan? —preguntó Macpherson.
—Ha dormido como quien tiene la conciencia tranquila. Ese diablo es un hombre de hierro.
—Pero se doblegará. Ve a traerlo; comenzaremos en seguida el interrogatorio.
El sargento dio media vuelta sobre sus talones y poco después volvió conduciendo a Negapatnan, sólidamente atado.