Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Descendieron una escalera de caracol muy profunda y entraron en una especie de bodega muy amplia, sostenida por bóvedas e iluminada por una tronera abierta a flor de tierra, defendida por sólidas barras de hierro. En medio se erguía un poste, al que ató al thug. Bharata puso a su lado varios estiletes largos y con la punta agudísima.
—¿Quién vigilará? —preguntó Tremal-Naik.
—Tú hasta la noche; luego un cipayo te relevará. Si nuestro hombre cierra los ojos, pínchale fuertemente.
El sargento volvió a subir la escalera. Tremal-Naik lo siguió con la mirada hasta que pudo, y luego, cuando todo ruido cesó, se sentó frente al estrangulador, que le miraba tranquilamente.
—Escúchame —dijo Tremal-Naik bajando la voz.
—¿Tienes también algo que decirme? —preguntó Negapatnan, bromeando.
—¿Conoces a Kougli?
El estrangulador, al oír aquel nombre, se estremeció.
—¡Kougli! —exclamó—. No sé quién es.
—Eres prudente, está bien. ¿Conoces a Suyodhana?
—¿Quién eres tú? —preguntó Negapatnan con terror manifiesto.