Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Un estrangulador como lo eres tú, como lo es Kougli, como lo es Suyodhana.
—Mientes.
—Te daré una prueba de que digo la verdad. Nuestra sede no está en la jungla, ni en Calcuta, ni en las orillas del rÃo sagrado, sino en los subterráneos de Raimangal.
El prisionero contuvo a duras penas un grito de admiración.
—¿AsÃ, pues, es verdad que eres uno de los nuestros? —preguntó.
—¿No te he dado las pruebas?
—Es verdad. ¿Pero por qué has venido aqu�
—Para salvarte.
Abandonó al prisionero y fue a sentarse a los pies de la escalera, esperando pacientemente a que llegase la noche.
Pasó lentamente el dÃa. El sol desapareció en el horizonte y la oscuridad se hizo profunda en la bodega. Era el momento oportuno para actuar. Dentro de una hora, o quizás menos, los cipayos deberÃan bajar.
—Manos a la obra —dijo Tremal-Naik, alzándose bruscamente y sacando del cinturón dos limas inglesas.
—¿Qué debo hacer? —preguntó Negapatnan, con emoción.
—Debes ayudarme —respondió Tremal-Naik—. Aserraremos las barras de la tronera.