Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —Si viene, señal que ha creÃdo al hombre que fue a verlo.
—Vamos a esperarlo en la cabaña —dijo el faquir—. Allà será donde lo mataremos.
Tremal-Naik, el viejo thug y Windhya se lanzaron por la escalinata, mirando hacia el rÃo.
A la pálida luz de la luna se veÃa una sutil lÃnea negra surcando la superficie centelleante del Ganges. Alrededor de ella se distinguÃa el agua que espumeaba a los golpes de remo.
Mirando con mayor atención, Tremal-Naik pudo distinguir siete personas. DebÃan de ir armadas de fusiles porque se veÃan brillar delgadas varillas que parecÃan de plata.
Los cuatro indios dejaron la escalinata de la pagoda y en pocos minutos llegaron a la cabaña del faquir.
—Organicemos nuestro plan —dijo Windhya—. Yo fingiré que le doy al capitán los informes prometidos.
—¿Y luego? —preguntaron Tremal-Naik y los otros dos.
—Vosotros os escondéis ahÃ, detrás de esas esteras, teniendo dispuestos los lazos. Cuando me oigáis toser saltad afuera.
Mientras Tremal-Naik, el viejo thug y el dondy se escondÃan tras las esteras, el faquir ordenó a los hombres de la chalupa: