Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra El faquir, agarrándose a las protuberancias de las rocas, se alejó precipitadamente para no ser arrastrado por la corriente subterránea y sumergido en los túneles de escape.
—Estamos salvados —gritó, alcanzando a sus compañeros—. ¡El agua huye por las galerÃas de la pagoda!
—Ya era hora —murmuró Tremal-Naik—. Nuestro prisionero, que es de estatura más baja que la nuestra, estaba a punto de ahogarse.
El agua comenzaba a descender, aunque lentamente, porque aún continuaba entrando otra.
Antes de que la caverna quedase seca era necesario esperar a que el pantano agotase totalmente su depósito de agua, no muy grande, a decir verdad, pero de todas formas considerable.
—Tendremos que esperar un par de horas —dijo Windhya a Tremal-Naik, que se lo habÃa preguntado.
—Y luego, ¿adonde iremos?
—A los subterráneos de la pagoda.
—¿Nos perseguirán los cipayos?
—Casi con toda seguridad. Cuando vean secarse el pantano adivinarán el camino seguido por el agua y buscarán la galerÃa.
—¿Crees que podremos escapar de ellos?
—Asà lo espero.