Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra —¿Y a Bharata, lo llevaremos con nosotros? Temo que ya nos será más de estorbo que de utilidad.
—Es verdad —respondió Windhya—. Sin embargo, no podemos abandonarlo. ¿Quién sabe? Puede sernos todavÃa necesario, para conocer mejor los propósitos del capitán.
—Y además puede transformarse en un rehén valioso —dijo el viejo thug—. Si lo dejamos aquà puede enseñar a los cipayos el camino que hemos tomado.
—Podemos matarlo —dijo el faquir.
—SerÃa un delito inútil —respondió Tremal-Naik.
—Entonces lo llevaremos con nosotros —concluyó el viejo thug.
Mientras cambiaban estas palabras, el agua continuaba descendiendo, encontrando desahogo en los subterráneos de la vieja pagoda. Al cabo de media hora los cinco indios tenÃan agua solamente hasta la cintura.
El faquir, que era presa de una viva inquietud, temiendo la aparición repentina de los cipayos, quiso aprovecharse de ellos para hacer una rápida exploración en la galerÃa que comunicaba con su bodega.
Dio la antorcha a Tremal-Naik, invitó al dondy a seguirlo y se lanzó por el pasadizo, que ahora habÃa quedado medio descubierto.