Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra La corriente se habÃa hecho menos impetuosa, signo evidente de que el depósito de agua del pequeño pantano estaba a punto de agotarse. Era, pues, probable que los cipayos, asombrados por aquella fuga de agua, hubieran encontrado las causas y logrado descubrir la plancha metálica.
Avanzando lentamente a causa de la corriente que chocaba contra sus piernas amenazando a veces derribarlos, y agarrándose a las protuberancias de las paredes para resistir mejor aquel empuje, los dos faquires lograron recorrer otros trescientos pasos, llegando casi a la mitad del camino. Se detuvieron un momento para recobrar el aliento y luego se lanzaron nuevamente adelante, socorriéndose recÃprocamente para vencer la corriente que cada vez era más fuerte a causa de la mayor pendiente de la galerÃa.
HabÃan recorrido ya otros cincuenta o sesenta metros cuando en el otro extremo del túnel se oyó un ruido de pasos.
—¿Oyes? —preguntó Windhya.
—Sà —respondió el dondy.
—Han descubierto la galerÃa.
—¿Tú crees?
—¡Silencio! ¡Escucha…!
Una voz que el túnel transmitÃa con claridad gritó con acento de triunfo:
—¡Aquà está el pasadizo!