Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Windhya, que conocÃa aquellos tenebrosos pasadizos, indicaba el camino. HabÃa tomado la antorcha y avanzaba sin vacilar, unas veces subiendo y otras descendiendo. Ya habÃa desaparecido toda el agua y caminaban sobre un suelo completamente seco, ya que la roca porosa habÃa absorbido rápidamente las últimas gotas de agua.
Durante media hora el faquir guió a sus compañeros a través de aquellas galerÃas que describÃan curvas continuadas y luego llegó a un amplio subterráneo donde se veÃan gran número de extraños túmulos, quizás tumbas de antiguos rajaes.
Windhya se detuvo porque en el extremo opuesto la caverna estaba todavÃa inundada por gran cantidad de agua.
—El camino está cerrado —dijo con un temblor en la voz—. La galerÃa que debe llevarnos a la segunda caverna está sumergida.
—¿Tendremos que volver? —preguntó Tremal-Naik.
—¡SerÃa nuestra muerte!
—¿No hay ningún paso?
—Ninguno —respondió el faquir con aire tétrico.
—¿Es larga la galerÃa que conduce al segundo subterráneo?
—Unos sesenta pasos.
—Yo soy un buen nadador.