Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Dos veces el faquir dio la vuelta a la caverna sin encontrar nada. La desesperación, acrecentada por la oscuridad y el temor a un peligro inminente, estaba a punto de hacer presa en él cuando sus pies chocaron con un obstáculo. Alargó rápidamente una pierna y le pareció que subÃa un escalón.
—¡Quizás estamos a salvo! —exclamó con acento de triunfo.
¿Has encontrado la abertura? —le preguntó el dondy con voz angustiada—. Siento que me faltan las fuerzas.
—He encontrado un punto de apoyo —respondió Windhya.
—¿Podemos utilizarlo nosotros? —preguntó el thug—. También yo estoy agotado.
—Estamos cerca de la galerÃa; hay un escalón debajo de mÃ. Avanza —dijo Tremal-Naik.
El faquir alargó la mano y sintió cerca de sà otros escalones. Se agarró a ellos gritando:
—¡Venid: estamos a salvo!
Delante de él se encontraban otros escalones. Comenzó a subir por ellos y pronto sus manos encontraron una abertura. Con un último esfuerzo se izó y se encontró ante un pasadizo.
—Lo hemos conseguido —dijo—. Venid y llegaremos a las orillas del Ganges.
—¿Ves la luz? —preguntó Tremal-Naik.