Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra El brahmán, después de haber observado a lo largo del río y los vecinos arrozales, ya cubiertos con largos tallos verdes que sostenían frutos hermosos, fijó la mirada en un grupo de cabañas, medio sepultado bajo las sombrías bóvedas de los palmiches y circundado por espesos matorrales.
Una larga hilera negra serpenteaba entre los arrozales y avanzaba lentamente. Desde aquella altura, parecía una columna de hormigas, pero la mirada aguda del brahmán pronto adivinó que se trataba de una multitud de personas.
—Son ellos —murmuró—. ¡Hagamos preparar el pongol!
Subió a una de las cuatro agujas y, cogiendo un mazo de madera cubierto de cuero, se puso a golpear furiosamente el gigantesco tam-tam.
La chapa, sonora en extremo, produjo un sonido agudísimo, que rompió bruscamente el silencio que reinaba alrededor de la pagoda y repercutió en los bosquecillos próximos y en los arrozales.
El brahmán continuó aquella música ensordecedora durante dos minutos y luego, viendo acudir a muchos indios que habitaban un poblado próximo casi escondido por los palmiches, descendió a la pagoda y fue a abrir la puerta.
Bharata, acompañado por dos cipayos, se encontraba ya en la escalinata.