Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Algo parecÃa bajar de lo alto de la pagoda, siguiendo la cuerda que sostenÃa la lámpara. Tremal-Naik no vio nada, aunque forzaba la vista. No obstante, empuñó las pistolas y se levantó silenciosamente, poniéndose de rodillas.
Resonó en las tinieblas el repiqueteo metálico. Lo producÃa la lámpara que se agitaba, sacudida sin duda por el que descendÃa.
Tremal-Naik no se pudo contener.
—¿Quién va? —gritó.
Nadie contestó a la pregunta y el repiqueteo cesó.
—¿Me habré equivocado? —se preguntó.
Se levantó y miró hacia arriba. Arriba, en la cúpula, la luna continuaba reflejándose en la bola dorada, y se veÃa una parte de la cuerda que sostenÃa la lámpara, pero no habÃa ningún ser humano.
—Es extraño —dijo Tremal-Naik, preocupado.
Volvió a agazaparse, sin dejar de mirar a su alrededor.
Pasaron otros veinte minutos y la lámpara volvió a sonar.
—¿Quién va? —repitió con voz estridente—. Si hay alguien, que se dé a conocer: Tremal-Naik le espera.