Los Misterios de la jungla negra
Los Misterios de la jungla negra Dos hombres habÃan salido de la pagoda y se dirigÃan a la jungla llevando a una tercera persona que parecÃa muerta.
—¿Qué significa eso? —murmuró el maharata, que iba de sorpresa en sorpresa.
Se alejó aún más, metiéndose en un denso matorral desde donde podÃa ver sin ser visto.
Los dos porteadores, a los que reconoció como indios, cruzaron rápidamente el claro, en dirección hacia donde él estaba, y se detuvieron cerca de los bambúes.
—Animo, Sonephur —dijo uno de ellos—. Echémoslo ahà en medio. Estoy seguro de que mañana por la mañana no encontraremos más que los huesos, si los tigres se dignan dejarlos.
Los dos miserables estallaron en una sonora carcajada.
—¡Vamos: uno, dos… tres!
Los dos indios hicieron oscilar el cuerpo y lo lanzaron entre los arbustos.
—¡Buena suerte! —gritó uno.
—¡Buenas noches! —dijo el otro—. Mañana por la mañana vendremos a hacerte una visita.
Y se alejaron riendo.
Kammamuri habÃa asistido a la escena. Esperó a que los dos hombres estuvieran lejos y salió del escondrijo, aproximándose con curiosidad al cadáver.